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Mary Shelley: la mujer que engendró un monstruo para vencer la muerte

Mary Shelley:  la mujer que engendró un monstruo para vencer la muerte

Con su cuerpo creado a partir de la unión de varios cadáveres, la trama de Frankenstein encarna una obsesión por vencer a la muerte. La figura monstruosa salió de la mente de Mary Shelley para darle forma a sus miedos y dolores más profundos.

La  pluma de esta escritora británica engendró al hijo deforme que tanto temía traer al mundo. Ella misma se convirtió en la madre de “el moderno Prometeo”, un ser al que le dio vida en las páginas de su primera novela, hoy considerada un clásico de la literatura gótica.

Hija de un periodista liberal y una filósofa feminista que murió poco después del parto,  Mary Godwin, nació un 30 de agosto de 1797. La niña no tenía ni un mes de edad y ya había perdido a uno de sus padres.


En los libros encontró el consuelo para su infancia solitaria, con frecuencia visitaba la tumba de su madre donde pasaba horas leyendo, en ocasiones escribía sus propias historias.  


Ser mujer en la Inglaterra de principios del siglo XIX no impidió que Mary se educase. Bajo la tutela de su progenitor William Godwin, la joven fue criada con ideas liberales. Crecería con la lectura de las obras de su madre, rodeada por un círculo de intelectuales que frecuentaban el hogar paterno donde se celebraban  numerosas tertulias, que ella escuchaba rebosante de interés.

Con el propósito de completar su formación, bastante privilegiada para las muchachas de su época, Mary viajó a Escocia donde aflorará su vocación literaria.

Todas las caras del monstruo

Frankenstein comenzó a escribirse una lluviosa noche de 1816, en la Villa Diodati, una casona de Suiza donde Mary y su pareja, el poeta Percy Shelley se encontraban como invitados del célebre Lord Byron. Anfitrión de curiosas veladas donde un grupo de literatos se reunía para contar cuentos de fantasmas que mezclaban con las teorías de Erasmus Darwin, sobre “el origen único de la vida” o los experimentos eléctricos con los que Luigi Galvani provocaba espasmos en una rana muerta.


De la particular mezcla entre horror y los delirios de estos científicos, entorno al umbral de la vida y muerte, se formaría la obra más famosa de Mary Shelley, que no en vano es considerada, la primera novela de ciencia ficción.


Byron había desafiado a sus amigos a crear la mejor historia de terror para el final del verano. Sin embargo, a la joven de 19 años no se le ocurría una idea satisfactoria para su relato. Todo cambió cuando le sobrevino la inspiración en una pesadilla que relataría años después, cuando ya era una escritora publicada.

“Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, éste cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural”.

En esa imagen encontró al engendro sin nombre revivido por el doctor Víctor Frankenstein. Serían las numerosas películas que vendrían después, donde el apellido del científico quedaría irremediablemente asociado a la criatura.

Desde la publicación de la obra  el 1 de enero de 1818, críticos y lectores han dado diferentes interpretaciones al significado simbólico del monstruo creado por Mary Shelley. Esta criatura, entre las tragedias que marcaron su vida, y alguna que otra connotación política,  tiene muchas caras.

Connotaciones de la obra de Mary Shelley

  • Búsqueda de una figura paterna. Aunque William Godwin la educó con esmero, los biógrafos aseguran que su hija creció con más pensadores que afectos. Además para la época en que escribió la novela Mary y su padre estaban distanciados porque él se negaba a aceptar su relación con Percy Bassey Shelley.
  • Símbolo del pueblo “oprimido”.  Desde la francesa a la industrial, el mundo tal y como lo conoció Mary Shelley fue arrasado por las revoluciones, donde la relación entre los que tenían poder y lo que no, era equiparable a la del doctor Frankenstein una mezcla de miedo, odio y dependencia.    
  • Miedo a la muerte. La autora de Frankenstein enterró a tres de su cuatro hijos; una niña sin nombre fallecida poco después de nacer, los siguientes fueron Clara víctima de la malaria y William tras contraer disentería. La misma Mary Shelley estuvo a punto de morir por las complicaciones de un aborto espontáneo. Incluso se dice que una de las caras de Frankenstein fue justamente el temor de alumbrar a un hijo deforme. Afortunadamente encontró algo de sosiego al criar a Percy Florence él único que sobrevivió.
  • Percy Shelley. La pareja tuvo que atravesar terrenos borrascosos. Juntos se enfrentaron a la pobreza, el fallecimiento de sus hijos e incluso el suicidio de la primera esposa del poeta. A pesar de todo su relación fue sincera,  amorosa y estuvo muy estimulada por la literatura, pues tanto Mary como Percy apoyaron abiertamente la obra del otro. Así vivieron hasta 1822 cuando él se hizo a la mar para nunca más volver.

Un final poético para el amor de Mary Shelley

El señor Shelley pereció ahogado cuando la embarcación en la que viajaba zozobró. Su cadáver fue recuperado e incinerado. Una suerte de leyenda negra en torno a este  fallecimiento, es que el también poeta Leigh Hunt, conservó el corazón de su amigo, entregándolo más tarde a Mary quien en un acto digno de su colega americano Edgar Allan Poe, lo envolvió en un trozo de seda y lo atesoró hasta el momento de su muerte, el 1 de febrero de 1851.

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